Detrás de una empresa,
siempre hay una historia
Freddiaviones fue creada a comienzos de la década del 90 por Daniel Freddi, aunque el verdadero inicio de esta historia empezó algunos años antes.
Daniel, hijo mayor de cuatro hermanos, inició su vida laboral a los 17 años en un banco, impulsado por su padre, Alberto Freddi. A comienzos de 1982 se casa con Alicia, con quien tiene dos hijas: Natalia (1983) y Daniela (1985).
Tras pasar por varias entidades financieras, ingresó al Banco del Oeste S.A., experiencia que se vio truncada en 1987 por el vaciamiento de la entidad. Sin trabajo ni indemnización, y con dos hijas pequeñas, pocos días después comenzó a trabajar en Siper Aviación, empresa familiar de los Siri, dedicada a la reparación de motores aeronáuticos. Allí recorrió el país cobrando cuentas, primero solo y luego en modo paseo familiar, visitando aeroclubes, hangares y talleres agrícolas. Así empezó a formarse la red de contactos que aún sostiene a la empresa.
Con el tiempo, Daniel se independiza. Alicia se suma para aportar la gestión de trámites aeronáuticos, Natalia al área de publicidad y nace la primera web de venta de aviones en Argentina. Más tarde se incorpora Daniela, fortaleciendo un servicio tan rápido y confiable que –según los empleados del Registro de Aeronaves– era el que más transferencias gestionaba.
Con el equipo completo, la empresa crece: abren oficinas en Morón y adquieren el hangar 33 de la EAA, escenario de años inolvidables entre convenciones, amigos, parrillas encendidas y nuevos propietarios que se volvían amigos.
Tiempo después, el hangar se vende, llega la pandemia y, con la pospandemia, nuevos cambios. Hoy, las oficinas están en Parque Leloir, dentro del complejo Thays, junto al hotel y centro de convenciones Hilton, que incluso construye su propio helipuerto.
A más de 35 años de aquella primera idea, estamos orgullosos de comercializar aviones para todos los usos en Argentina, Uruguay y también Chile.
Somos una empresa argentina con una trayectoria intachable, fruto de un sueño que imaginó Daniel, que acompañó Alicia y que hoy buscan multiplicar Natalia y Daniela.
Una historia que enseña que hay que trabajar todos los días, adaptarse sin resignarse y aprovechar cada oportunidad que la vida presenta.
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